Es la pregunta que nos hacen siempre en la primera reunión, y es normal: nadie quiere pedir tres presupuestos que no se parecen en nada sin entender por qué. Esta guía explica qué hay realmente detrás de esas diferencias, para que puedas leer un presupuesto y saber si tiene sentido antes de firmarlo.
Por qué nadie te da un precio por teléfono
Porque «una web» puede ser cinco cosas muy distintas. Una landing de una sola página para una campaña y una tienda con 400 referencias, pasarela de pago y control de stock llevan el mismo nombre y no se parecen en nada. Quien te da un precio antes de saber qué vendes, a quién y qué tiene que hacer la web, o se lo está inventando o piensa cobrártelo después.
Lo que sí es razonable es que, después de una conversación de media hora, tengas un precio cerrado por escrito. Ese es el punto al que debe llegar cualquier proveedor serio.
Qué hace que una web cueste más o menos
1. Cuántas páginas y cuánto contenido
No es lo mismo una web de cinco páginas que una de treinta. Y no es lo mismo que tú traigas los textos y las fotos que tener que crearlos desde cero. El contenido suele ser la partida que más se subestima.
2. Diseño a medida o tema comprado
Un tema comprado y adaptado es más rápido y más barato. Un diseño hecho para tu negocio cuesta más pero te deja una web que no se parece a la de la competencia y que se puede hacer crecer sin pelearse con lo que ya había.
3. Si tiene que vender online
Una tienda añade fichas de producto, categorías, pagos, envíos, impuestos, avisos legales específicos y, a menudo, conexión con el programa de gestión. Es un proyecto distinto, no una web con un botón de comprar.
4. Idiomas
Cada idioma multiplica el contenido, la revisión y el mantenimiento. En una zona como la Costa Brava, donde el cliente puede llegar en catalán, castellano, francés o inglés, vale la pena decidirlo al principio y no añadirlo a medias.
5. Trabajo de SEO de base
Que la web esté bien hecha por dentro —velocidad, estructura, títulos, datos estructurados, ficha de Google Maps bien enlazada— no sale solo. Es trabajo, y marca la diferencia entre una web que existe y una web que te trae trabajo.
6. Integraciones
Reservas, calendarios, CRM, facturación, chat, formularios que tienen que acabar en un sitio concreto. Cada conexión es tiempo de programación y de pruebas.
Los tres tipos de proyecto más habituales
No publicamos tarifas: cada proyecto se presupuesta por lo que necesita y el precio te lo damos cerrado después de la primera conversación. Lo que sí podemos decirte es en qué cajón suele caer cada encargo y qué entra en él.
- Web de presentación (4–6 páginas): el proyecto más contenido. Sirve para existir en condiciones, explicar qué haces y recibir contactos.
- Web corporativa a medida con SEO de base: diseño propio, más contenido y una estructura pensada para posicionar y para crecer. Es donde cae la mayoría de empresas que ya funcionan.
- Tienda online: sube según el catálogo, los métodos de pago y las integraciones con tu programa de gestión.
- Aplicación o herramienta interna a medida: se presupuesta por fases; la primera fase suele ser pequeña a posta.
Lo que a menudo no entra en el presupuesto (y acabas pagando)
- Dominio: se paga cada año y es la partida más pequeña de todas. Tiene que estar a tu nombre.
- Alojamiento: cuota anual o mensual. Lo más barato suele salir caro en velocidad y en soporte el día que hay un problema.
- Correo profesional: si quieres nombre@tunegocio.com con garantías, cuenta con una cuota por buzón.
- Mantenimiento: actualizaciones, copias de seguridad y seguridad. Suele ser una cuota mensual y varía mucho según qué incluya: pregunta siempre qué cubre y qué no.
- Textos y fotos: si no los traes tú, alguien tiene que hacerlos.
- Traducciones: una web bien traducida no es una web pasada por un traductor automático.
Siete preguntas antes de firmar
- ¿Qué incluye exactamente el precio y qué queda fuera?
- ¿Quién escribe los textos y quién pone las fotos?
- ¿De quién es el dominio y de quién es el alojamiento? (Tienen que ser tuyos, siempre.)
- ¿Podré cambiar textos, precios y fotos yo mismo sin llamar a nadie?
- ¿Cuántas rondas de cambios hay incluidas?
- ¿Qué pasa el día después de entregarla: hay mantenimiento? ¿Qué cuesta?
- Si un día decido irme, ¿qué me puedo llevar?
Si las siete respuestas son claras y por escrito, el presupuesto es serio aunque sea caro. Si son vagas, el precio es lo de menos.
Señales de alerta
- Precio cerrado sin preguntas. Si no saben qué vendes, no pueden saber qué cuesta.
- El dominio a su nombre. Es tuyo, siempre. Esa es la manera clásica de quedarse atrapado.
- «Primera página de Google garantizada». Nadie puede garantizar eso. Quien lo promete, vende humo.
- Permanencias largas para poder tocar tu propia web.
- Un presupuesto de una línea. «Diseño web» con una cifra al lado no es un presupuesto, es una cifra.
Cómo lo hacemos nosotros
Empezamos con una conversación de media hora para entender qué vendes, a quién y dónde se te escapa el tiempo o el dinero. Después recibes una propuesta con el alcance, los plazos y el precio cerrado, y el detalle de lo que entra y lo que no. Si el presupuesto que tienes es más pequeño de lo que haría falta, te lo decimos y buscamos una versión reducida que tenga sentido en lugar de hacerte una web a medias.
Trabajamos desde Palafrugell, con oficina en Palamós, con negocios del Baix Empordà, la Costa Brava y el resto de Cataluña. Puedes ver con quién trabajamos y qué hacemos en cada proyecto, o leer cómo planteamos el desarrollo web y el posicionamiento SEO.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto se tarda en tener la web hecha?
Una web de presentación suele estar lista en tres o cuatro semanas desde que tenemos los textos y las fotos. Una web corporativa a medida, entre seis y diez semanas. Lo que más alarga los plazos casi siempre es el contenido, no la programación.
¿Se puede pagar a plazos?
Habitualmente sí. Lo más común es una parte al inicio, una parte a mitad de proyecto y el resto en la entrega. En proyectos por fases se paga fase a fase.
¿Vale la pena hacerse la web uno mismo con una herramienta online?
Para empezar y validar una idea, puede tener sentido. Cuando el negocio ya funciona y la web tiene que traer clientes, acaba saliendo más caro en horas tuyas y en oportunidades perdidas de lo que costaría hacerla bien.
¿Y si ya tengo web pero no funciona?
A menudo no hace falta empezar de cero. Se puede auditar qué frena, arreglarlo y replantear solo lo necesario. Es más barato y más rápido que rehacerlo todo.

